Jalpa de Cánovas                 

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LA FAMILIA BRANIFF

 

Thomas Braniff, hijo de inmigrantes irlandeses, se vio atraído por la fiebre del oro y a los 20 años, con escasa instrucción, se fue a Nueva York a California y empezó a trabajar en las minas. Eran los años cincuenta del siglo XIX y ese ambiente contribuyó a templar su carácter para convertirse posteriormente en uno de los empresarios más prominentes de México.



En esos años conoció al ingeriero Meiggs, famoso constructor de los primeros ferrocarriles de América del Sur, quien lo contrató para su empresa en Perú y Chile. Thomas era el encargado de la construcción convirtiéndose así en un ingeniero práctico dedicado gran parte de su vida a la construcción de ferrocarriles.



Posteriormente, en 1865 el ingeniero en jefe de la Smith Knight and Company, William Lloyd, empresa inglesa, le propuso a Thomas construir el ferrocarril México-Veracruz.



La política mexicana había provocado que la construcción del ferrocarril, desde la primera concesión para llevarla a cabo en 1837, fuera muy lenta, lo que databa desde la época de Maximiliano; y habia 1857, la concesión estaba en manos de Manuel y Antonio Escandón quienes firmaron un convenio precisamente con la Smith Knight and Company.



Thomas Braniff tal vez era el ingeniero superintendente de la construcción o un puesto de importancia equivalente y no tenía un domicilio fijo por el trabajo que desarrollaba en el tendido de vías. Mientras estuvo trabajando en ese primer proyecto mexicano se logró que para 1867 estuvieran terminadas las secciones del ferrocarril de México a Apizaco y de Tejería a Paso del Macho.



Le tocó vivir el Imperio de Maximiliano y cuando éste entró en crisis, Thomas mostró simpatía por la monarquía. Se dice que incluso escoltó en secreto a la emperatriz Carlota de Córdoba a Veracruz, de donde partió a Europa, en 1866, para no volver a la tierra que, dicen, siempre fue de sus dolores.



Para 1866 la Smith Knight and Company había quebrado y uno de sus funcionarios, George B. Crawley, compañero de Thomas Braniff, fue el nuevo contratista, lo que facilitó en parte el ascenso de Thomas en la jerarquía de la nueva empresa, por lo que hacia 1869 ya figuraba como ingeniero constructor, y más adelante fue agente de la compañí encargado de atender al Señor Gorusch a quien el gobierno republicano nombró inspector del ferrocarril.



Al morir Juárez en 1872, Lerdo de Tejada ocupó la presidencia provisional, y la reconstrucción de la vía férrea, que se comenzó a acelerar desde 1869, se terminó, tocándole al Presidente inaugurar el ferrocarril México-Veracruz. Braniff lo acompañó junto con su comitiva al primer recorrido oficial.



Al terminar su cometido, Braniff recibió dos propuestas: trabajar en la construcción de un ferrocarril en Rusia y ser director de la Compañía inglesa, tenía la capacidad para cumplir con las cien acciones requeridas en ese entonces para ser director de la compañía mexicana. Además se comenzó a dar cuenta de la facilidad de hacer negocios en México mejor que en Estados Unidos. Braniff se quedó en México como director de los ferrocarriles, peusto que detentó hasta 1904, un añoantes de su muerte, con la opción en mente de empezar a invertir su capital en esta nación. Y así lo hizo.



Además de ser director, deseaba, como lo asentó en su testamento, invertir en empresas más productivas de dinero que tenía en acciones del ferrocarril mexicano. Se daba cuenta también de que no iba a encontrar muchos competidores ya que prácticamente nadie invertía en México por temor a perderlo todo en una guerra civil.



Ante el deseo de Lerdo de Tejada de continuar en la presidencia, Porfirio Díaz lanzó el Plan de Tuxtepec para obtener finalmente, en 1877, la presidencia. El régimen político-económico de Porfirio Díaz fue propicio para el desarrollo del capitalismo y para la atracción de capitales extranjeros.



Fue durante este régimen que Thomas Braniff formó y consolidó su gran fortuna y con el tiempo, se convirtió en uno de los empresarios más importantes del país; y al igual que él, sus descendientes sostuvieron el régimen, junto con otras familias de la burguesía porfirista.



A partir de 1885, Porfirio Díaz, ya reinstalado en el poder desde un año antes, después de la presidencia de su compadre Manuel González, utilizó todos los medios a su alcance para lograr la estabilidad política y permanecer en el poder el tiempo que considerara necesario. Así pudo obtener préstamos del extranjero para promover el desarrollo de la modernización del país.



La nueva burguesía, a la que ya pertenecía Thomas, tomó parte en la política y fue uno de los principales sostenes del gobierno de Díaz porque éste les daba facilidades y garantías a sus inversiones.



Thomas Braniff, para ese entonces era presidente del Banco de Londres y México y se unió a los empresarios, banqueros y comerciantes qeu respaldaron a Díaz para su quinta reelección.



Braniff, junto con Rafael Ortiz de la Huerta (presidente del Banco Nacional), José de Teresa Miranda (del Banco Internacional Hipotecario) y Joaquín D. Casasús (Director del Banco Central) crearon una comisión directiva encargada de organizar las manifestaciones públicas de apoyo a Díaz en 1900.



Por su parte Porfirio Díaz respetaba a Braniff como hombre de negocios, quien nunca ostentó cargos oficiales, pero participaba hábilmente en la política. La costumbre de Díaz era retribuir a sus simpatizantes con puestos políticos así que Jorge, el hijo mayor de Thomas, ocupó un puesto en el Ayuntamiento del Distrito Federal, junto con Guillermo de Landa y Escandón, Diego Redo, Jesús Galindo y Villa, Francisco León de la Barra y otros que formaban parte de la aristocracia porfiriana.



A los inversionistas extranjeros se les llenó de privilegios y garantías y su situación era aún maás favorable que la de los capitalistas mexicanos.



En 1896 el gobierno abolió las alcabalas para hacer más expedito el comercio lo que benefició a los inversionistas mexicanos y extranjeros. Se otorgaron toda lcase de facilidades y concesiones a los exportadores quienes exportaron henequén, café, ganado, cueros, tabaco y una gran variedad de metales.



Se deseaba promover la industria, el comercio, las vías de comunicación que consideraban indispensables y la banca.



La tradición que ya imperaba otorgó toda lcase de facilidades para el establecimiento de industrias, tales como exenciones de impuestos hasta por diez años, libre importación de maquinaria y herramientas por una sola vez y medidas proteccionistas para los artículos manufacturados en México.







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