Jalpa de Cánovas                 

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Una historia que no muere

 

Su papá se llamaba Marcelino y su mamá Pantaleona López. El primero, natural de Churintizio donde nació Justo y, Pantaleona venía de familias del Cañon de  Jalpa. Churintizio, usted verá, es una ranchería muy antigua situada entre Jalpa y San Diego de Alejandría, no lejos está el campamento, Guaracha, el Vergel, en fin tantos ranchos que, apena el corazón decirlos, ya no existen. De Guaracha que fue gran hacienda, están al razas los viejos cimientos y algunos arcos y arranques de techumbres que pregonan una historia grandiosa, que seguramente el viento no acaba de llevarse...

 

Allí nació Justo Gómez López.  Él se acuerda de muchas cosas. A sus 5 años conoció al Coronel Víctor López, comandante cristero de Jalpa, de hecho ellos eran invitados a comer chicharrones al cerrito del Fuerte, que no estaba lejos de la casa, ahí era donde hacían campamento los cristeros y, como mataban reses con frecuencia, pues toda la familia compartía los banquetes con la tropa cristera.

 

Adelante el tiempo, trabajó en la hacienda, o más bien con el representante, con el sucesor por 1940, Don Francisco Rojas Mena, un hombre verdaderamente rico, lo que se llamaba rico... Don Francisco tenía 3000 yuntas, ponía a trabajar 5 cuadrillas de hombres, según el lugar de residencia.Una era de Churintizio o La Altamira, del Huinduri, San Andrés, las Colonias y Guadalupe, esta última era la más númerosa, se dividía en tres partes, no menos de 50 hombres cada una.


 

Don Justo dice, con su dosis de orgullo, yo nunca fui acasillado con don Pancho, porque otros tenían su trabajo y su casa con él. Justo no, siempre iba a caballo al trabajo y regresaba. Pero no con Don Francisco el grande, el papá, sembró casi 8 años.



 

Años maravillosos... Digo...

 



A las tres de la mañana ya se escuchaba en la cocina el "tistaleo" porque se molía en el metate y las mujeres preparaban las tortillas haciendo tistales...

 



Los hombres salían a las 4 de la mañana, para recibir la tarea a eso de las 5 de la mañana. Las cuadrillas tenían mayordomo y él repartía la tarea del día. en lo que fuera; el corte del trigo, en el camalote, la pala ... a veces trabajaban, en los vallados, con el agua a la cintura, cortaban al ras la hierba, para que cuando bajara el agua fecundara la tierran en vistas a la siguiente siembra de los trigales de Jalpa y que estuvieran muy tiernita la tierra, en cuanto los bueyes pudieran pasar ... Ahí no andaba uno a ver si se podía ... esos eran bueyes! Había animales de tonelada cada uno.

 



Don Francisco Rojas Mena era buen patrón. Les tenía "gorderos" a todas las cuadrillas. "El Gordero" se encargaba de ir a las casas y traer las tortillas para todos los trabajadores. Eran recorridos largos, el "gordero" era muy exigente con las señoras para que estuvieran a tiempo con el bastimiento, si no tenían la saca dispuesta en cada jacal, se iba y no paraba el caballo hasta que lo alcanzaran corriendo a pie.

 



Don Francisco no les gritaba groserías a sus trabajadores, no era negrero, no exigía más de lo que podían. Cuando un peón no acababa, lo único que hacía era pagarle su tarea ... y ya. No le decía más. Al día siguiente nueva tarea. "Si les exigimos mucho ya no vuelven", decía. Pero, al mismo tiempo, eso hacía que unos se hicieran mañosos y no terminaran su tarea con frecuencia. Don Justo para las diez y media de la mañana ya había terminado su tarea.

 



El siempre tuvo su buen caballo para ir a las tareas a la hacienda de Jalpa. Eran muchos barbechos y vallados... estaban saliendo del templo a la izquierda... mucha tierra para sembrar.

 



En la pizca sí trabajaban por día, de 7 de la mañana a las 5 de la tarde, una jornada larga. 

 



Don Francisco Rojas Soto, el papá del señor obispo y de Don Francisco Rojas Mena, diario andaba vestido de charro y era muy buen jinete, aún al final, ya muy delgado y entrado en años, don Francisco grande, le gustaba darle sus buenos agarrones a su caballo, de ahí nomás lo rayaba en la calle.

 



El papá de don Justo siempre fue dueño de su casita en Churintizio con una media hectárea de tierra para los elotes. Después compraron algo más... al pasar el tiempo, don Justo se casó con M. Dolores Fonseca. Los hijos se empezaron ir al norte... y entonces pensó para donde se iba... Jalpa o San Diego. Vendió su tierrita y se compró un buen lote en el Barrio de Arriba en San Diego, justo a poca distancia del pozo del gobierno. Ahí hizo una casita muy amplia y  vive allí hasta la fecha. Su esposa falto el 17 de mayo de 1999, y ahora... vienen a visitarlo sus hijos y nietos. En sus prados hay membrillos, duraznos, limones, aguacates, guayabas, chayotes, chiles de árbol ...

 


Pero lo especial es que él sigue viviendo como siempre. No deja de sembrar una orilla, un lote en el mismo pueblo, siempre levanta suficiente maíz y frijol, y guarda su cosecha y, como era antes, come de su cosecha todo el año, tortillas olorosas y esponjosas levantadas del comal, cocinadas en el fogón de leña. Más qeu un lujo es su vida diaria, una de sus hijas le hace casa. Don Justo es responsable proveedor de todo. 

 



Va a recoger leña a distintas partes. Se acabó el caballo, se acabó el burro... ahora trabaja con su carretilla. Con eso basta, por muchas partes encuentra ramas secas y recoge su leña para estar prevenido en tiempo de aguas, ahí en un cuarto tiene buena trinchera de leños.

 



Hoy todavía tiene maíz suficiente para estar haciendo el nixtamal y para que su hija, cada mañana haga sus sabrosas tortillas para almorzar. Un hombre y una familia que es autosuficiente, que produce para sí misma y para otros, gracias al espíritu luchador de don Justo Gómez que sigue adelante por la vida. 85 años le parecen un suspiro para seguir luchando, primeramente Dios.



 


Don Justo nos hace verdad las afirmaciones:

 



Soy tan joven como mis ilusiones,


tan viejo como mis temores.


Soy tan joven como mi fe,


y tan viejo como mis dudas.


Soy tan joven como mi valor,


y tan viejo como mi cobardía.


Soy tan joven como mi amor a la vida,


y tan viejo como mi rencor los demás.


 

 

 

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